sábado, 30 de julho de 2011

1.2 - La creación del burro



LA CREACIÓN DE LOS ANIMALES DEL PESEBRE

En el sexto día de la creación Dios creó los animales terrestres.

 En días anteriores, ya había creado los cielos con sus astros: el sol, la tierra y la luna y, con ellos, el día y la noche, también había creado la tierra firme y el mar. Había llenado la tierra de hermosas plantas, árboles de frutos sabrosos y flores exuberantes; y los ríos y el mar de peces de todos los colores y tamaños y todo tipo de plantas y animales marinos.

 En la mañana del sexto día Dios dijo: "Vuelen las aves sobre la tierra, en el cielo. Y la tierra se llene de seres vivos: animales domésticos, reptiles y animales salvajes". Así creó la mayoría de los animales.

 Pero Dios pensó: "Todavía faltan los animales principales, los que tendrán una misión especial que cumplir en mi Pesebre. Faltan todavía el burro, la vaca, el cordero y el hombre”.
  
La creación del burro

 Y tomando un poco de barro marrón oscuro, Dios le dio forma al burro, que mantuvo en la piel el color del barro con el que fue moldeado .

 Y Dios dejó al burro secándose. Cuando se había escurrido la mayor parte del agua, el barro alcanzó consistencia y el burro se convirtió en un ser vivo.




 Y Dios le dijo:

 - Tú, burro, serás un ser que no se pertenece a sí mismo, que no trabaja para su propio beneficio sino para beneficio de los demás y especialmente a mi servicio. Tu alegría y felicidad estarán en el servir.

 Vas a ser un animal de carga: llevarás en el lomo desde las cargas más simples, tales como haces de leña o bolsas de cereales y granos hasta piedras preciosas. Pero no le harás caso a la calidad de la carga: has de poner el mismo esfuerzo y diligencia en llevar con cuidado cualquier peso que puedan poner en tus espaldas. Por eso serás el gozo y el descanso de tu amo.




Tendrás las orejas grandes para escuchar la voz de tu amo, que te guiará en cada paso de tu camino.

 En muchos lugares de sequía o de pocos ríos, serás atado a una noria y con la fuerza de tu trabajo, dando vueltas y haciéndola girar, bombearás el agua del pozo para plantaciones, huertos, jardines y depósitos de agua. Gracias a tu trabajo, habrá abundante vegetación en los bosques, verduras en los huertos, flores de variados colores en los jardines, frutas dulces y sabrosas en las ramas de los árboles y aguas cristalinas para saciar la sed de otros animales.

No te olvides de esto, porque cuando estés girando la noria no vas a ver los frutos de tu trabajo. Trabajarás todos los días de tu vida con la misma presión del arnés, recorrerás el mismo camino circular, día tras día, semana tras semana, año tras año. Pero, nunca dejes de oír la canción del agua, que riega las plantas y sacia la sed de los animales.

- Abuelita Zuza, puedo interrumpir?

- Claro.

- Sabes que yo nunca he visto una noria? Por supuesto que entendí que se trata de una bomba que está impulsada por la fuerza del burro, como algunos molinos son impulsados ​​por la fuerza del agua. Pero ¿de dónde sacaste esa idea de noria?

- Miro, no fui yo quien sacó la idea de algún lugar. Fue Dios quien le habló de ella al burro que acababa de crear. A decir verdad, tampoco yo nunca he visto ninguna. Mi abuela, que vino de Portugal, fue la que me contaba las historias del burro de noria. Pero no sé si ella vió o no una noria, o si alguien le habló de ella. Eso nunca le pregunté. De todos modos, Dios, al crear el burro, no pensó sólo en los burros de nuestra tierra, que no impulsan noria alguna, sino en los burros en todo el mundo.

- Discúlpame haberte interrumpido.

Dios continuó diciéndole al burro:

- No te quedarás sin premio. Si algún día al volver al establo para recibir la ración por tu trabajo y su amo, por ingratitud, se olvida de ti, estate seguro de que yo nunca me voy a olvidar. Enviaré al establo uno de mis ángeles con un puñado de terrones de azúcar para retribuirte todo lo que has hecho por mí.

El burro no había comenzado siquiera a moverse y ya se sentía muy bien pago. Pero Dios continuó hablándole:

- También debo profetizar que servirás como montura a las personas más importantes en el mundo. Y lo más esencial de todos, lo que da pleno sentido a tu vida: un día, uno de tus descendientes estará en el Pesebre de Belén.

 - Abuela Zuza, será que Dios habló con el burro como si se tratara de un ser inteligente que pudiese entender?

- ¡Los nietos de hoy ya no son como los de antes! Miro, es claro que si Dios le habló al burro, es porque le dio la capacidad de entender, de lo contrario ¡no hablaría!

 - Ese burro parece más gente que mucha gente, porque escucha y entiende a Dios.

 - Eso es cierto. Pero, nieto mío, permíteme explicarte bien las cosas para que no las confundas. Burro es burro, gente es gente, pero Dios ha querido que el burro fuese una figura de gente.